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Zapatero, que sabe sobre Venezuela y el Medio Oriente, sus convenios políticos.

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La Tecla Fértil
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La UE- Unión Europea- y EEUU buscan la manera de detener la oleada de inmigrantes que salen del Medio Oriente y Sudáfrica para integrarse a la mano de obra fuerte en otras tierras, muy lejos de sus orígenes. Pero, para Trump y los presidentes europeos. El gran problema es la desacadenencia de la integridad del mercado y como evitar la circulación de personas con fe islamitas que no garantizan una seguridad a las diversas comunidades que le reciben
La campaña de Trump reveló lo popular que resulta crear barreras físicas para impedir el paso de personas y mercancías entre México y Estados Unidos. En Europa, sin embargo, el brexit ha desencadenado un proceso que casi con toda seguridad afectará a la integridad del mercado único europeo. En 2017 el Gobierno británico iniciará el procedimiento formal para abandonar la UE. Dependiendo de cómo transcurran las negociaciones, esto podría levantar nuevas barreras a empresas e inmigrantes. Londres ya ha dejado clara su intención de impedir la libre circulación de personas entre el Reino Unido y la UE.
La UE, por su parte, ha insistido en que la libre circulación de personas es inseparable de las de capitales, bienes y servicios. Si Reino Unido se niega a aceptar la libre circulación de personas, esto supondría su expulsión del mercado único europeo. En caso de que esto ocurriera, afectaría a la capacidad de las empresas financieras de la City londinense para operar en Europa. Y en el peor de los escenarios, todo ello podría llevar a que se impusieran aranceles a la circulación de bienes entre el Reino Unido y la Unión Europea. México, por otro lado, presenta barreras físicas en la legalización de sus indocumentados que trabajan en granjas agrícolas en la alta y baja California, sin olvidar los sembradíos de maní.
Todo, se encuentra globalizado y la regulación debe estar presente, en todos los países y, deben negociar a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, (Nafta). País que no entre en los convenios, debe pasar por una vía regulatoria de investigación fiscal y de aduanas, una de ellas, la Global Trade Alert. La idea es desterrar de los acuerdos comerciales, cualquier país antiglobalización, pero, en el Sahara suceden muchas cosas y es una mala señal al mundo y la antigua colonia española es muy rica en recursos naturales, con grandes yacimientos en fosfatos, petróleo, gas y pesca. A lo que hay que añadir los estudios de extracción que está llevando a cabo, la Oficina de Hidrocarburos y Minas marroquí para seguir sacando circonita, una piedra preciosa similar al diamante y uranio, un material delicado y radioactivo con el que Marruecos podría retomar sus planes de construcción de una planta nuclear con fines civiles en Sidi Boulbra, situada en la fachada atlántica y donde Rusia se ofreció en el pasado a facilitar tecnología en punta.
Pero, habiendo la exigencia de mano de obra en el Sahara, porque ese impulso de tomar Grecia, Alemania y Catalunya como factores de inmigración y destabilización económica y en Suramérica a Venezuela Cualquier movimiento de este tipo resultaría muy perjudicial para el comercio. Mandaría una muy mala señal al mundo, ya que se haría patente que incluso los acuerdos de libre comercio más consolidados son vulnerables a la inestabilidad generada por el auge de los antiglobalización.
Para el Observatorio de Recursos del Sáhara Occidental (WSRW, en sus siglas en inglés), la concesión de licencias por parte de Rabat para la extracción de petróleo y gas es ilegal. Esta organización internacional persigue la conservación de estos recursos naturales “para sus dueños legítimos, el pueblo saharaui” y ha conseguido en los últimos años que algunas compañías extranjeras hayan abandonado el Sáhara, caso de la francesa Total en 2004 o la española Iberdrola en 2007. Según su propio listado, en la actualidad existen compañías de 39 países -entre ellos España- con presencia en el Sáhara.
Aunque, son años distantes para la economía mundial, el tiempo es innecesario contarlo porque la periodización política e ideológica se plasma en bloques de cinco, diez y veinte, (5,10,20) años.
En lo que se refiere a la exploración y comercialización de los recursos petroleros y gasísticos, el Gobierno marroquí cuenta con dos socios principales para ello: la irlandesa Island Oil&Gas ha conseguido varias licencias para actividades en tierra (onshore), mientras que la estadounidense Kosmos Energy cuenta con el 75% del principal yacimiento en alta mar (offshore), frente a las costas de Bojador, el más importante de la zona.
Sin embargo, las minas de fosfatos de Bucraa son las que más atención han concitado en los mercados internacionales. Se trata de uno de los yacimientos de fosfatos más grandes del planeta a cielo abierto, con una producción estimada en 2,4 millones de toneladas al año, lo que supone el 10% del total de Marruecos.
Los buques cargueros transportan los fosfatos a varios países, donde son utilizados en su mayoría para la producción de fertilizantes. Un problema que se ha agravado en los últimos años es el despido de trabajadores saharauis. En 1968, bajo la ocupación española, había 1.600 saharauis trabajando en la industria del fosfato. Hoy en día la cifra se ha reducido a 200 de los 1.900 empleados que trabajan a diario en Bucraa.
La izquierda internacional, desea enviar a este grupo de inmigrantes del norte del África a países donde se consoliden sus ideas para levantar programas de proyección revolucionaria y, Zapatero y Pablo Iglesias juegan a ese atreviendo, usurpando funciones jurídicas e injerencias en países extranjeros. Esto, es una verdad que poco será aclarado en público.
El Sáhara dispone, asimismo, de uno de los mejores caladeros pesqueros del océano Atlántico. Los acuerdos de pesca entre la Unión Europea y Marruecos, firmados en 2006 y cuya renovación se empezó a negociar el pasado año, abarco por primera vez la zona costera del territorio en disputa, lo que provocó en su momento las críticas del Frente Polisario.
Pese a ello, en la crisis diplomática hispano-marroquí del año pasado tras la huelga de hambre de Aminatu Haidar, el Gobierno español “constató” por primera vez que la ley marroquí se aplica en el Sáhara, una perogrullada desde hace 35 años que, sin embargo, supuso un espaldarazo al objetivo de Mohamed VI que la comunidad internacional acepte su oferta de autonomía para la ex colonia española.
El rey de Marruecos sabe que la pérdida del Sáhara haría tambalear a la monarquía alauí, de ahí que sus esfuerzos pasen por rechazar el referéndum de autodeterminación que su padre, Hassan II, pactó con los saharauis del Polisario para consensuar un alto el fuego en 1991 con la mediación de Naciones Unidas.
El conflicto entre Israel y Palestina envenena desde hace más de medio siglo las relaciones internacionales en Occidente y condiciona el polvorín de Oriente Próximo con el engranaje de guerras cargadas de violencia y muerte. Es una factoría de cadáveres y desesperación que generan implacables rotaciones de venganza. No existe un equilibrio del terror, ya que Israel domina en capacidad de fuego y por lo tanto en violencia, convirtiendo a los palestinos en los condenados de la Tierra. Las apuestas por la paz, las conversaciones para la paz, fueron celebradas con la concesión de los premios Nobel y Príncipe de Asturias a Rabin, Arafat y Simon Peres, sin embargo, la paz estimulada por tan importantes galardones nunca llegó a firmarse, ni a conseguirse. Las conversaciones en Camp David, en Oslo, en Taba, en Doha o en Madrid crearon ilusiones que terminaron reduciéndose a espejismos. La realidad cotidiana era y son los disparos, los bombardeos y los hombres bomba, símbolos del fanatismo acorralado.
El último gran intento fue el de Barak con Arafat, lo que calificaron como “la paz de los valientes”, que terminó en sonoro fracaso y le costó al laborista Barak, el general más condecorado de Israel, una derrota estrepitosa a manos de Ariel Sharon. Elie Barnavi, uno de los más reputados historiadores israelíes, ex embajador en París e importante miembro del movimiento Paz Ahora, ha calificado el conflicto entre los dos pueblos como guerra confesional, y el prestigioso periodista Jean Daniel, mítico director del influyente semanario Le Nouvel Observateur, ha calificado el conflicto como guerra teológica en varios de sus artículos, y más explícitamente en el libro La pasión judía. En el subsuelo del conflicto y en el razonamiento de las causas, las alusiones a Dios son constantes, más las de los judíos a Yahvé, pero también abundan las de los musulmanes a Alá.
Las divinidades suelen añadir fuego sobrenatural a las pasiones, y por eso pueden resultar más terribles. Los cristianos en esta ocasión han quedado fuera de la dialéctica del conflicto, por primera vez, debido a que sólo suman el 2% de los habitantes y sus lugares sagrados, como los santuarios del nacimiento y del sepulcro de Jesús, no perturban los intereses de las partes enfrentadas, al contrario, son una fuente de divisas para ambas, pero conviene decir que los efectos colaterales del enfrentamiento les afectan profundamente. Barack Obama, que tiene muchos frentes abiertos, tanto en política interior como en el exterior, con dos guerras, ha situado la solución del perenne enfrentamiento entre Israel y Palestina como una de sus prioridades.
Sabe que eso es una ciénaga que se traga y ahoga las buenas intenciones con una enorme facilidad, por eso le está poniendo un particular empeño. En la reunión que tuvo a finales de septiembre en Nueva York con el primer ministro israelí, Benjamin Netan- yahu, y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, puso particular énfasis en que, pese a todos los obstáculos, pese a toda la historia, pese a toda la desconfianza, se impone encontrar una solución. Y la solución tiene como punto final y objetivo sin renuncia la creación de un Estado palestino que conviva en paz y en seguridad con el Estado de Israel. En el célebre discurso de El Cairo, dirigido a toda la comunidad musulmana, dedicó una parte considerable al tema, que tiene repercusiones directas en el amplio mundo islámico. Manifestó que apoyaba las aspiraciones palestinas por la seguridad, la oportunidad y un Estado propio.
También dijo que los palestinos debían abandonar la violencia, entre otras razones porque la violencia no los llevará al éxito, sino que les traerá más padecimientos. Los palestinos deben concentrarse en lo que pueden construir. Unificar al pueblo palestino y que el movimiento Hamás se incorpore al proceso de una convivencia pacífica es una necesidad.

 

 

 

 

 

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