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Quazil, el viajante del Cerro Azul, ((1)

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Fuente Literaria.
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Marian chicharraba de frío, ya al atardecer, todo era nublado en el cruce de las montañas hasta llegar al campamento. Apenas una luz brillaba en la lejanía y las congeladas rocas, no permitían ver sus coloridos, desde el grisáceo hasta el azul cristalino. Aquí, en época pasada, llegaron otros viajeros, que, tomaron en serio su juego en invadir nuevas tierras. En poco tiempo, debemos saber, sí, todas estas esperanzas reflejaban una realidad, o nos habrían traicionado.
Al paso, son viejas reliquias. En el tiempo fueron atesoradas para los descendientes, pero los acuerdos con un presidente extranjero, permitieron que fuerzas militares sin mando, tomaran las riquezas de esa nación y, luego de colonizarla y esclavizar a sus habitantes, regresaron a su tierra de origen.
Nadie, comprende los tesoros de ahora. La primera oleada de hombres y mujeres libertadoras, habían ya llegado al campamento y, el escribiente, anotaba con su pluma la historia de una civilización de zombis que, ya había quedado en el recuerdo.
El mochilero, con sus viejos libros y el escribiente, fotografiaban toda la zona para no desviarse del camino, ante las brumas y las paredes de las montañas, era la entrada al Cerro Azul.
Johanna, siempre caminaba en una dirección, con sus vástagos tras de ella, viendo con sus lentes de fijación permanente, si veían, algún animal para deshuesarlo y sirvan de carnada y alimento a las veinte y cinco personas, que, como exploradores(as) ascendían las heladas serranías, hasta llegar a la cumbre, donde se encontraba el campamento.
Todos, los tesoros fueron almacenados en un lugar de reposo, para que la coloración del calor no los dañase, constituían símbolos del pasado. Representaban el mayor logro del hombre, en esos instantes y el futuro de ese país astral, estaba allí escrito. Aquel invierno fue fuerte para nuestros ancestros y, las grandes olas de hielo, comenzaron sus primeros asaltos contra las montañas, llevándonos a las faldas de las montañas y, constituyó la primera embestida. El extranjero invasor, del país vecino, entabló en ese entonces una feroz batalla, con jóvenes guerreros que nadie apoyo, aunque la gente del campamento y las ciudades cercanas tenían hambre, como sed.
Ya, en la lejanía, se avistaba el Cerro Azul. Las marejadas de nieve y hielo amainaban sobre las faldas montañosas y, el verano se acercaba, eran meses de una larga caminata para traspasar las serranías y ver el brillo de la bahía y al final, el Castillo, donde muchos guerreros en el pasado, cayeron por las mismas arquerías del presente, ante el silencio de los amantes del tesoro, que ejercían funciones de control y son corruptos de la administración.
Es una lucha, hasta el final. Dos hombres y una mujer, hicieron rodar las rocas y la tribu que quedo encerrada por dos años entre las cuevas, vio luz, llegó el verano y el hielo, se dispergó por un tiempo, las batallas, se ganan en el terreno.
El sonido, es un flujo energético de los nuevos tiempos. Tantas cosas extraviadas, pero, llegaste de un largo viaje, de otra galaxia, para decirme que te ibas para siempre. Tú alma y conciencia se extendería más allá de las estrellas y un conjunto de individualidades a tu alrededor te vitoreaban. Fue el encuentro final con tu voz. El flujo energético hizo contacto con el mío a través de las ondas sonoras y, quede extraviado, luego de tantos años en su búsqueda, en el Cerro Azul.
Jamás, hubo una repuesta, solo el tiempo, la reconoce y. ahora no se percibe, son solo, evocaciones del pasado, hay tantas cosas extraviadas en las noches del tiempo, que, llegan y siguen su curso, todo ha sido confiscado por el advenizo de otras tierras, que llegó, para someternos a una esclavitad, cuya culpabilidad recae en los débiles, por permitirle su paso en las montañas.
He cumplido, mi misión. Mis enjutos labios se adormecieron para arrastrar, solo unas palabras. Solo, quiero que me dejen en paz, no quiero esclavizarme de nuevo, llevando almas a la otra galaxia. La dura, brillantez se esfumo con su partida, la doble partida. Es necesario, en esta época dejar un torrente de tranquilidad en nuestra alma. Por todo ello, no quiero quedarme atrapado, las fuerzas enemigas avanzan vertiginosamente, ante la mirada lisonjera de algunos hombres del campamento, no saben que ya están muertos, solo sus almas perviven, buscando un lugar de descanso. Mi territorio, lo despedazan extranjeros, venidos de lejos ante sus riquezas para manejar las naves a través del ultrasonido.
Solo, busco un momento adecuado para teletransportarme. Las montañas, son el único respiradero, son verdaderas jaulas de hierro, debo conseguir la única llave de entrada y, la tienes tú, en tu alma, Marián. Te la dieron desde niña para que la guardarse y, no comprendieron, tú llegada a ese epicentro de una parte del campamento, ante, la ignorancia, tuviste que desplazar tus fuerzas, enarbolando la brillante llave.
Tengo una sed de venganza y, la cumplo. Todos los terrestres a mi alrededor deben morir e irme a descansar en paz, el frio y el agua, no me dejan teletransportarme, nace, un aire de contienda en mi Ser, que es una esencia liquida del viento, que es mi espíritu.
La llave, es un tornillo plateado que se pasa, entre los barrotes de nuestra experiencia. Y, siempre se coloca en el centro de la jaula para que nadie la toque, muchos imploran para llegar a ella, hasta la banda de los soles, venidos desde tierras lejanas.
Pero, la llave es personal y, está en nuestra memoria. Y, cada persona la tiene, en nuestra memoria. Y está llena de mucha electricidad, mucha energía que al descansar, nuestra alcoba, se convierte en una cama de cristal. Allí, yacemos como dormidos, pero, nuestra conciencia revoletea hasta descubrir tu alma y nuestra relación con el firmamento, en una sola fuerza, Jehová.
Ella, esta guardada en el centro de nuestro pecho, como testimonio de nuestra luz.
La lucha será larga en nuestro territorio, entre las montañas, el gobernante invasor es controlado por grupos de carapálidas, venidos en grandes naves para asesinar a los nacidos en la galaxia, esta dominado mentalmente por los espíritus del mal, muchos ancianos reflejan doble faz en sus rostros y lo apalancan en el poder. Es el dominio diabólico por las riquezas, el hambre acosa a los pueblos. A nadie, les importa, todos, se encuentran expuestos al frio de las montañas, a lo lejos, se escucha una voz, libertad.
La princesa, se ha ido, con la llave de mi memoria. Solo soy, un enmudecido espectador del tiempo y, mis huellas a través de la experiencia y el aprendizaje, es borrado por el tiempo.

 

 

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