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Peregrinar ante el campanario del Faro.

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Estamos comprometidos con la existencia y el credo de nuestra esencia. Estamos comprometidos con una oleada de generaciones, y más ahora, cuando los principios de guerra arropar el espacio de compenetración del hombre con la naturaleza, el cambio climático, constituye solo una amonestación y apelación a nuestros sentidos.
En este sentido, siempre estaré en rebelión, porque no puedo acostumbrar a los sueños anarquistas de una doctrina y, quienes la propician desconocen su argumentación. La revolución autentica destruye todo para reorganizar y los gobernantes en los países socialistas se han robado todo para destruir.
La vida, en ese sentido, es un compromiso con la historia y, todo se constituye en una ficción poética.
Entonces, tengamos una noción del tiempo para conciliar y descubrir los procedimientos para entregarnos a una compenetración real del mundo interno y esos vínculos que relacionemos con el pasado, sepamos guardarlos en la conciencia y así, no estar aislados de nuestros contextos históricos.
Miremos hacia adentro de sí y veremos los ojos del pecado. Es una nausea orgánica que prevalece, cuando observamos amigos que son nuestros enemigos. Es el estado crudo del existir y equivale a tener un poco posesión del tiempo y, veremos que somos algo muerto ante la sociedad.
Algo importante que debemos tener como género, es saber hilar los tejidos del existir. Eso nos da un gran placer y nuestro corazón, siempre estará en la mano hacia los demás, en éste caso, no seamos hipócritas. Dañamos nuestra esencia.
Los árboles, de mi urbanización se han escondido por el maltrato que le dan al despojarlo de sus vestimentas y dejarlos al olvido. Así somos nosotros, en un pañuelo escondemos nuestras tristezas y alegrías, es necesario cruzar la montaña para ver la hermosura de esa luz que nos acompaña el día a día.
En Tovar- Mérida- hice un compromiso en la Iglesia ante Dios y frente al atrio. Esta ciudad cercena mis sueños, mi abuela paterna se encuentra enterrada en el cementerio de ese lugar. Somos un campanario, no destruyamos por orgullo, lo que Jehová nos ha dado por derecho, porque lo demás del existir serán un solo acto del terror. Tenemos que ir a la luminosidad del tiempo para ser coherentes y precisos
El imperio de los signos, nos persigue. Frente a nosotros, esta la realidad y la significación de los lenguajes. Es el tiempo que nos limita ese sueño, volemos y descubramos esa libertad y sigamos en silencio, es la aparición de la experiencia.
Es el encuentro, una torrentera de agua fugaz, en ella, como un espejo veremos nuestro rostro

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