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Paradojas del Trokismo y la poesía erótica

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Fuente Literaria
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El simbolismo francés me llamó mucho la atención en los poemarios, por esto, iba a los mercados de mi zona residencial, tomaba de los estantes un grueso de propaganda comercial y me dedicaba hacer planas en francés y, sobre todo, los tiempos verbales. En el primer tiempo de esta osadía, no entendía nada, pero los ecos de las voces en cada recital quedaban grabados en mi memoria.
En el colegio, leí un poco de Rómulo Gallegos, en aquel momento, sonaba increíble este autor y reuní, todas sus obras, hoy, es poco tomado en cuenta. En una oportunidad, visitando una librería en un gran centro comercial de la ciudad, pude apreciar en la estantería dos viejos libros ya amarillos. Para mi sorpresa, eran todos los discursos dados por Jóvito Villalba en el antiguo Congreso Nacional, apenas costaba cincuenta bolívares cada tomo, al otro día se lo llevaron, pero, que extraño, ya tenían dos años, allí colocados y nadie se preocupaba por ello.
Siempre hay una voz, una identidad de clase, pero, los libros me provocan y, cuando siento hastió, procuro leer algo, en este sentido, siempre he sido obsceno. En la universidad. Cuando estaba en la universidad intenté escribir ficción, cuentos, ensayos, y leí un montón de poesía, aunque no estudié letras. John Donne me impresionó muchísimo, pero en ese momento todos estábamos leyendo a los beats y a los modernistas.
Descubrí los ensayos de Camus y de James Baldwin, y esa idea tan maravillosa del ensayo a la vez personal, lírico y filosófico, y me puse a intentar cosas distintas, pero de manera muy amorfa. Me tomé un año de la universidad, traté de escribir una novela faulkneriana sobre mi ciudad natal, cuyo manuscrito por fortuna extravié.
Laura Antillano y Alberto Franceschi, me impactaron, una literata y el otro trokista, siempre dando cortas conferencias y, desde allí empecé a estudiar literatura y semántica del lenguaje jurídico y, siempre en traje formal, estaba presto en las noches a ir al culto evangélico, en las Asambleas donde se congregaba mis abuelos. Es una lástima por ese tiempo perdido, aún estoy esperando la visita de un hermano, la falacia existe en todo lugar, un mundo de falsos incrédulos. Aprendí a recitar poemas en voz alta y descubrí muchas poesías en revistas de esa especialidad.
Recuerdo que T. S. Eliot, al reflexionar sobre el estado de la poesía estadounidense, dijo que era tierra de nadie. Pero cuando le tocó a mi generación observar el estado de la poesía estadounidense y latina, estaban los beats, Snyder, Kerouac no como poeta sino como figura literaria.
Había una gran variedad de escritores excelentes, así que trataba de terminar de estudiar lo más rápido posible para meterme en la biblioteca a leer poesía.
Y en aquella época, cuando leía poesía, se me ocurrían versos y los escribía, y pensaba: “Esto tal vez sea un poema”, y luego ves cómo eso va transformándose en un poema, y después te vas a hacer otra cosa. Ya estaba casado, tenía una bebé... mi Rebeca y mi amada esposa, Thais América, me sentaba a cenar, bañaba a mi hija, la acostaba y después me iba a mi escritorio, sacaba estos papelitos y me ponía a escuchar lo que sonaba en mi cabeza, ese momento de total felicidad al comienzo de la escritura.
Si uno lee una novela que empieza una noche de invierno, el invierno tiene resonancias simbólicas, pero no es un símbolo; si uno dice “mediodía”, se hace alusión a algo que ocurre a mediodía, pero si se dice con determinada potencia de repente se está hablando de la mitad de la vida. El río corre rápido, porque es una isla montañosa, con aguas de deshielo, y los ríos corren lentos en otoño. Lo único que hace es describir una escena, y el momento del día, que el sol está alto, y es la época del año en que los pájaros cantan en el huerto.
¿Cómo se traduce eso en mi propia escritura? No tengo idea. Uno trata de hacer ciertas cosas, uno aprende y reflexiona, y eso también implica cierta atención por parte del lector. Por ejemplo, las Odas elementales, de Neruda, seguramente vienen de la letanía católica, con elementos barrocos, pero también es como combinar cien haikus y cantarlos a coro.
Algo que aprendí de Mi?osz fue a aceptar cualquier reto, de la manera en que fuera posible hacerlo. Para él era mejor escribir un mal poema que no escribirlo. Pero también se contradecía a sí mismo constantemente en casi todo. Apenas escribía algo, ya pensaba lo contrario, así que muchos de sus poemas tienen muchas voces distintas, algo que a mí me fascina.
Mi mundo no estaba representado, nací en una irrealidad.
Con el tiempo, aborde la poesía erótica, todo era confusión en mi mente, del deseo, de las formas que adopta y, de algún modo, del lugar donde vivía, cuando niño, Rancho Grande, el lote nueve, el Edificio de Las Fuerzas Armadas, La Base Naval Agustín Armario, lugares comunes, cuando nuestros padres eran marinos. Puerto Cabello y San Esteban Pueblo, nos daban un mundo natural y, lo importante, todos éramos una sola familia.
En mi época, soy de la generación de los movimientos contra la guerra y los derechos civiles y, en mi ciudad, nada era nuevo y, eso tiene que ver con el lenguaje. El español, no logro arraigarse de manera muy profunda, por los dialectos y llegaban a los muelles, muchos ingleses, canadienses y norteamericanos.
Muchos de los poetas que admiraba reflexionaban sobre la política y la justicia y ensayaban una respuesta a la realidad de su mundo, como el gran poema “Londres”, de Blake, y la oda, no tan notable, de Neruda, sobre la United Fruit Company.
También soy consciente de que una de las poetas más importantes de Estados Unidos, Emily Dickinson, vivió en la terrible época de la Guerra de Secesión, rodeada de gente que participó en el conflicto, como su propio hermano, y escribió poemas vaya uno a saber sobre qué, sobre cómo tu cuñada te hiere, o sobre un amante imposible, y son poemas extraordinarios.
Admiro mucho los ensayos de Octavio Paz, porque usa el adjetivo “político” con mucho cuidado, y él mismo tenía una filiación política y era consciente de la pasmosa facilidad con que los escritores tienden a apoyar al candidato equivocado, como sucedió en Venezuela con Chávez y luego, Maduro. Pero, ambos queridos por un pueblo, arraigado en su fé.

 

 

 

 

 

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