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Los misterios de jheova

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Aquella tarde recorri la avenida hasta su final para llegar a la casa de Los Bescanza, desde allí un grupo de jóvenes nos fuimos al salon pequeño de la casa de una misionera muy querida por todos, era la señorita Mildred Livingstone. Cada tarde nos deleitaba con su piano y algunas veces  estaba presente una  invitada proveniente de Puerto La Cruz, Venezuela, para alegrar nuestros espíritus con himnos cristianos. Ella pertenecia a la Misión Rio Orinoco y se quedó en el poblado de El Tigre con el reverendo Jhon Prince para guiar la Iglesia El Salvador. Fueron días muy agradables y guardo en un album una pequeña foto suya que por años años ha sido mi norte y guia.

Un día, bendijo a un joven capitán acantonado en Apure que ayudaba mucho a los indigenas con los camiones del ejército. En aquella tarde, pasado unos días me indicó que orase por aquel joven cápitan y su nombre, Hugo Chavez Frías, quién años más tarde sería nuestro presidente. El domingo pasado, el mismo presidente recordó y reconocióp a Jehová como el gran Leon de Judá y aquel testimonio entregado en sus manos por la misionera, hoy, perdura en el tiempo porque Dios es un solo tiempo. Y precisamente Chavez estaba en el Apure  en su programa dominical. La Palabra de Dios permanece en el corazón del hombre y una joven mujer de la comuna Siumón Bolivar le recordó la misericordia de Jheová que perdura por los siglos. Yo seguí las pisadas como escritor y periodista porque le hice esta petición hasta graduarme como docente y ejercer las tres profesiones, una bendición.

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