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La invasión al Castillo del Palacio Real.

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Fuente Literaria/. II Parte/ 02
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El invasor guerrero, proveniente del país vecino, perece confiado en su osadía de ganar adeptos a la fuerza. Aunque, los muros del Castillo son gruesos, acampaba en el campamento con varios colectivos armados y fuerzas enemigas, lo surtieron de acorazados, capaz de cruzar las montañas, A estos países injerencistas le interesaba, las riquezas de nuestro territorio. Quiazil, cuando estaba en el medio del camino, en plena montaña gélida, envió un emisario para cubrir las cubiertas del Castillo de dragones, cubiertos de relucientes escamas verdes y que, desde su interior, brotaran fuego por la boca. Espantado, su acompañante notó que la armadura que cubría sus brazos y piernas se había oxidado y caído de los ajustes. Su barba había crecido. Era evidente que el castillo del conocimiento, al igual que el Castillo del Silencio, habían jugado con el tiempo, gracias a ciudadanos envejecidos que creían en ofertas de manipulación mental.
El tiempo, transcurre con rapidez. Recordó, cuanto tiempo se había hecho eterno, mientras que su jefe esperaba que otras personas le acompañaran en el desplazamiento del guerrero invasor y orarán al Espíritu de Jehová y lo llenarán del poder necesario para ir al combate.
Ya, habían llegado al Castillo del Cerro Azul, ya la princesa se marchó en su cama de cristal al otro lugar del descanso espiritual y no pudo ejecutar sus fines, a la cual fue enviada por distorsión de su hermano, quien corrió como ardilla a sus pies, pero no era el tiempo. Quazil, luchaba a muerte con su hija Rebeca, una rebelde e instigadora que quebrantaba el espíritu de sus coterráneos.
Las pequeñas murallas del Castillo del Cerro Azul, lucían desmanteladas, sus habitantes se fueron al norte y Oeste, por mayores oportunidades de vida y no sentir el acoso de no tener alimentos y las fronteras, a los seres humanos, se les dio pies para no estar en un solo lugar, es necesario, entender el mundo de las fronteras y la ambición del corazón.
En el campamento, los habitantes, mostraban sus barbas, como signo del abandono, desnutridos y exhaustos por la ambición mental del guerrero, generaban miedo y temor, en sus conscupiciencia. Las palabras del antiguo Emperador, fueron desapareciendo junto a su legado, desapareció en un viaje eterno, hacia otra galaxia, sin retorno.
Ya se había perdido, toda esperanza, solo basta esperar y es necesario encontrarse en el sendero de la verdad y, ya las manzanas no se encontraban en el camino, ni las uvas. Todo ha desaparecido. Todo, llegaba en piraguas por vías lacustres o naves de gran calado. Ya el territorio, había sido entregado por pactos a los imperios.
Un acto de cobardía del invasor, sus ancestros le habían dado doble nacionalidad.
Nadie deseaba cultivar la tierra, todo lo recibían regalado y así surgió la codicia, ahora van por el Castillo del Cerro Azul, ya, hoy, es la segunda embestida y los caballos, dragones y caballeros, se encontraban cansados de luchar, fueron vendidos por sus amigos en negociaciones fraudulentas y negocios de mercaderías encubiertas, ya la bota militar oscurecía la luz del pasado.
Ya el caballo blanco, adolecía, no tiene fuerzas para seguir luchando junto a su amo por ideal, desmontan el Estado, para entregárselo a un Imperio.
Es una cruzada, todos desconocen el Sendero de La Verdad, todos, se encuentran atrapados en su propia armadura, las barreras del tiempo, los comprimen y este mundo, lleno de carcajadas, jamás podrá indicar el camino de la verdad, estamos en solitario, la voz familiar está a las espaldas del abuelo y su habitación. El viejo escaparate guarda su silencio, fue saqueado y de esta manera la vida carece de sentido, Jamás Quazil en su vida, se había sentido tan solo en su cama de cristal.
Ya, Merina, se encontraba descansando, Cuando el caballero despertó se había alejado de una enfermedad mortal, el tiempo miro al papel, todo estaba en blanco y nadie viajo al norte, donde están, la mayoría de la liturgia hermanable. Ya se acabó el tiempo de retener las lágrimas, es necesario colocarse la armadura y combatir, es necesario, una respuesta de las fuerzas imperiales. Es necesario sujetarse al yelmo de la salvación y salir a luchar por la libertad, con Jesús en el corazón, dejar las lágrimas atrás.

 

 

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