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Hispania, un nuevo enfoque deja al traspiés a Zapatero y Felipe González

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El Reloj del Tiempo
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España, debe limpiar sus requevuecos dejados por el ex primer ministro José Luis Zapatero en el ejercicio de su cargo. Sin duda, Mariano Rajoy tuvo que utilizar su experiencia académica junto a sus copartidarios generacionales para visualizar pactos, asistencia pública, presiones políticas y mediáticas, además a la corrupción ya dejada por el ex primer ministro para lograr una artificiosa moción en contra de representantes políticos y avanzar hacia el futuro, pero, esto, le sucedió también a Felipe González.
Ahora el Partido Popular, PP, debe abrir un cauce nuevo al electorado español y, unir esfuerzos de manera urgente para ejecutar una necesaria gestión económica, aunque no ejerza poder en las directrices de la Nación- Estado. Zapatero, cometió un sinnúmero de errores y asumió teóricamente el ideario del Partido Socialista Español, PSOE, y apoyo la estrategia del grupo yuppy Podemos para alentar la escisión de Cataluña. Tomando en cuenta los grupos mediáticos de migrantes de fe musulmana para crear incertidumbre y división entre el pueblo y, avanzar en sus pretensiones de controlar el poder de una manera absoluta.

El Partido Popular ha perdido, como ya he señalado, la confianza de una parte de su electorado tradicional por errores propios y por haber dedicado desde el Gobierno, la mayor parte de sus esfuerzos a la urgente y necesaria gestión económica y social que le imponía la grave crisis económica y el alto nivel de desempleo, con el que se encontró después de Zapatero, gestión que hay que calificar de sobresaliente, pero no comprendida ni valorada suficientemente.
Las heridas, están abiertas y existen deficiencias de comunicación que se encargaron de machacar el día a día de Rajoy, aunado que sus declaraciones por la causa bolivariana de Venezuela poco contaron con el musculo del elector hispano, porque creen y aceptan muchos los credos de Pablo Iglesias y Sánchez.
Desde un principio, Rajoy, se desarticuló y encerró a sí mismo. Desconociendo a sus allegados, desde ese momento, la abstención empezó a correr por las calles de la Vieja España gobernada por la Monarquía, sin duda, el Partido Popular no contaba con una cabeza cierta que la dirigiera, existiendo un contrasentido entre los diversos ministerios.
Por otra parte, han sido demasiado patentes las discrepancias entre la ex vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y la ex secretaria general, Dolores de Cospedal. En Cataluña y Andalucía estas discrepancias no han favorecido ni favorecen la conjunción de fuerzas y estrategias para hacer frente a los problemas más graves y relevantes a los que debe enfrentarse el PP.
España en este momento, tiene su caracterología más crucial del partido desde su refundación. En mi opinión personal, deben dejar que los militantes reflexionen y se impliquen en un debate abierto sobre su liderazgo y proyecto de cara a una sociedad que ha sufrido una transformación inimaginable por su composición social y cultural, transformada por la globalidad y la sobreabundante información que aportan las nuevas tecnologías.
Apelar solamente a la unidad por la imagen y cerrar en falso el Congreso sería cometer un grave error. Es obligado, siempre conocer los candidatos, sus proyectos y compromisos sobre España y sobre los valores de nuestra sociedad. Desde la militancia deben apelar a la honestidad personal e intelectual del presente líder, su competencia política y su lealtad a una España sin fisuras ni frivolidades nacionalistas. Renovarse o morir requiere frescura, aire limpio y una inteligente combinación de juventud y madurez.
Aparte de la crisis catalana, magnificada por la dolosa pasividad del Gobierno de Rajoy, y los casos de corrupción en el Partido Popular, lo que ha infligido mucho daño a nuestro país ha sido el descrédito exterior de España y la consiguiente pérdida de influencia en las relaciones internacionales.
España, muy débil internacionalmente ya en la etapa Zapatero, desapareció de la arena internacional y europea durante los gobiernos de Rajoy. Primero, poco a poco. Y a partir de 2015 de forma clara y veloz. Conforme el Estado desaparecía de Cataluña, el Gobierno faltaba a su deber de prevenir los graves delitos que se estaban cometiendo y permitía la emergencia de un poder territorial paralelo al que se toleraba una sistemática violencia institucional contra la Constitución y la integridad territorial de la misma.
No ha habido protagonismo activo en la vida internacional. De la reacción defensiva se ha pasado a la acción protagonista acorde. Se vivió y se vive de las rentas del pasado en nuestras relaciones internacionales, pero sin construir nada nuevo en la acción europea.
España ha desaprovechado el nuevo peso político que le deja el Brexit en el seno de la UE. Afortunadamente, en estos años se minimizarán los daños por la desaparición no menor de Italia de la escena europea al quedar en manos de la populocracia anti europeísta. Ser la tercera potencia de la UE tiene que reportar grandes beneficios internos -para la estabilidad y unidad nacional- y externos, muchos de naturaleza económica.
No se ha contado con España para nada. Ni tan siquiera Estados Unidos informaba del uso de sus aviones en las instalaciones de apoyo (bases) para bombardear Siria. Insignificantes. Si nos comparamos con Portugal y su capacidad para ser tenido en cuenta, el resultado es bochornoso y deja al anterior Gobierno en pésimo lugar. No ha sido responsabilidad de la diplomacia, la irrelevancia de España, sino de la dirección política desganada y aislacionista de Moncloa, ajena siempre a los intereses generales de esta nación.
No hay españoles en puestos de relieve en las grandes organizaciones internacionales ni probablemente se intenta ante la falta de prestigio e influencia. Hablo de puestos en los que se presenten por parte de este país, candidatos españoles y que compitan con nacionales de terceros Estados.
La insignificancia de España en estos años ha sido más dolorosa si cabe cuando se tiene en cuenta cómo ha seguido comprometida, incluso en plena crisis económico-financiera, con numerosas acciones militares y humanitarias.

El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, José Borrell, es una esperanza sólida de que, a pesar de la corta caducidad del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, pueda poner fin a la irrelevancia de España. Aunque no basta la personalidad del nuevo ministro, que es mucha y con determinación, importa que el presidente Sánchez no se comporte como Rajoy, como un oscuro funcionario en el casino de su pueblo, y sea consciente del papel proporcionado que corresponde a España.
Nuestras unidades y observadores militares están participando en 17 misiones en todos los continentes, muchas de gran riesgo como las de Irak y Líbano o las de varios países en el corazón de África, en todas con un alto nivel de profesionalidad y logro de los objetivos que los organismos internacionales les trazan. Y el Gobierno de Rajoy apenas sacó rendimiento de ese sacrificio para ser influyentes.
Durante el último año ha habido grandes debates y tomas de posición a raíz de los grandes discursos europeístas del providencial presidente Macron. Sus cuatro grandes discursos sobre el futuro de Europa en un año recibieron el silencio ruin del Gobierno anterior de Rajoy; había que despreciar los grandes planes de Francia para evitar, se decía, que favorecieran a Ciudadanos por la errónea asimilación de Rivera con Macron. Rivera está a millones de años luz del discurso europeísta de brillante presidente galo. Pura mezquindad de Rajoy.
El anterior Gobierno olvidó que España ganó su prestigio e influencia gracias a la sabia política que supuso en su día estar junto a la locomotora franco-alemana. Pero España tiene de nuevo la oportunidad de volver al centro de la renovada vitalidad política de la UE.
Cuando nuestro país vuelva al "corazón de Europa" -una expresión que tanto gustaba a Manuel Marín-, defendiendo el proyecto Macron en equilibrio con Alemania, España podrá inclinar la balanza en favor de las grandes reformas comunitarias y allanar el camino que se prepara para fortalecer la Unión. En cuestiones concretas del día a día europeo podemos disentir de los dos grandes y pelear; pero en las grandes cuestiones hay que cooperar e influir del lado de la locomotora franco-alemana. Este país es de los terceros a bordo de la nave europea y deben ejercer esta responsabilidad.
Cuando España se afianzó en el núcleo duro de la integración, su sacrificio permitió que los demás socios tuvieran en cuenta nuestros intereses. Cuando hemos sido activos e influyentes en la UE, ésta nos ha servido para impulsar las relaciones con zonas de interés preferente de España tales como Iberoamérica o el Mediterráneo en las que la Corona cumplió un papel estelar. Hay que volver a europeizar los intereses en las áreas tradicionales de influencia de España y en las nuevas, como es África. Se tiene que despertar las potencialidades en política exterior anestesiadas por Rajoy. Hay que volver a una decidida acción exterior bilateral y multilateral para ser creíbles en Europa, y añadir al doble pilar diplomático clásico del poder blando comunitario, el que les corresponde, muy superior al actual.
Cuando un Estado es cooperativo con los intereses del conjunto europeo, sus intereses nacionales podrán ser defendidos y tenidos en cuenta de forma pragmática por los socios

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