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Hawking, el conocimiento se inicia en la nada para concebir nuestra realidad

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El Reloj del Tiempo
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Nací, espontáneamente de la nada. De la misma manera, Jehovah, mi Dios se reflejo en el universo para darse explicaciones sobre sí mismo y su universalidad. Estamos, ante la creación misma del ser humano.
Así, fue mi principio, ante las evidencias de una física que reflejo en sus números la exactitud de los tiempos y, una narrativa filosófica que demuestra un espacio- tiempo en la geometría que llega al umbral de la metafísica, sin sentido de uno porque el espíritu es un viento, un soplido del no sentir. Pero, que el alma revive para decirnos que tenemos conciencia.
Por lo tanto, somos coherentes, con franqueza respondemos a una lógica que, de una manera inmediata nos lleva a pensar en las experiencias de ese pasado, en constante crecimiento dentro del mundo interno, muy emocional porque los números actúan con franqueza y ciertamente, nuestro pensamiento es una ley física.
Nuestra masa- energía se mueve en ese espacio- tiempo para originar efectos específicos, desde ese punto de la nada para elaborar criterios subyacentes de nuestra realidad. Es decir, las razones de nuestro comienzo. Somos seres trascendentes, en un universo físico donde elaboramos valores para sobrevivir, en un contexto panorámico que envuelve lo mágico, lo religioso y personal.
¿Que, implica esto? Simplemente, nos movemos en una sola realidad, pero, en diversas fases históricas que tienen su periodización. Este mundo maravilloso, nos lleva a existir. De esta manera, tenemos un punto de partida. Esto, constituye una realidad trascendente.
Tenemos que aprender a razonar, tomando en cuenta la velocidad en una fracción de luz. Es un mensaje, con una proyección del pensamiento. Sin duda, la tecnología nos ha dado una gran oportunidad de migrar ideas atrapados en el espacio para deducir lo bueno o malo de una actitud humana.
Me preocupa, por ejemplo, la deserción escolar en los colegios de Venezuela por éste gobierno dictatorial controlado por taras demoniacas del mundo oscuro espiritual, que, se escapan de los agujeros negros. Esto, trae, consecuencias sobre los niños, ya que los hace vulnerables a la pobreza, pero, también sobre los países porque los hace vulnerables, lo que implica asumir retos. Según datos del Banco Mundial, uno de cada tres jóvenes en la región latina, no alcanza el nivel secundario superior.
Todo esto amenaza el aprendizaje. Y sabemos que aprender es la verdadera clave para el futuro de los jóvenes, ya que permite que se adquieran los conocimientos necesarios para obtener empleos de calidad. Dicho de otra forma, es el factor fundamental para generar oportunidades, poner fin a la pobreza y contribuir a que las brechas sociales se cierren.
A pesar de ello, garantizar el aprendizaje sigue siendo un desafío en muchos países, según el último Informe sobre el Desarrollo Mundial 2018. De acuerdo al documento, después de asistir a la escuela durante varios años, millones de niños no saben leer, escribir o hacer operaciones matemáticas básicas. Esto no solo supone una oportunidad desaprovechada sino también una gran injusticia. Pues los niños y jóvenes con los que la sociedad está más en deuda son aquellos que más necesitan de una educación para prosperar en la vida.
Pero, un maestro y científico necesita un buen salario para cumplir esas metas, manejar tecnología y permitir que una infraestructura escolar fortalezca toda eficiencia del gasto en los programas educativos.
Conscientes de ello, los países centroamericanos han trabajado para resolver la crisis del aprendizaje en diferentes ámbitos, desde la educación básica hasta la superior. En este esfuerzo cuentan con la contribución del Banco Mundial, que viene apoyando a la región a través de proyectos de inversión y donaciones. Por ejemplo, ayudando a mejorar el acceso y la calidad del sistema público de educación superior en Costa Rica, enfocándonos en la calidad docente y la infraestructura escolar de la educación básica en Nicaragua y buscando fortalecer la eficiencia del gasto en los programas educativos en Panamá.
Cualquiera que haya nacido entre 1977 y 1985 sabrá es un verdadero problema porque no encajas del todo no con la Generación X ni con los Millennials. Estos nueve años no son suficientes para calificar como una generación separada. Los años de nuestro nacimiento se encuentran entre dos grandes generaciones. Tuvimos que salvar la brecha entre una niñez analógica y la adultez digital y nos acordamos de esto día tras día. Vivimos con un pie en la Generación X y el otro en la Generación Y. Esta es una posición incómoda para mantener el ritmo y no nos gusta. Pero hay una solución simple: podemos llamarnos una microgeneración. No somos Gen-Xers. No somos Millennials. De acuerdo con un artículo de Business Insider estamos en el medio, somos Xennials. Nadie sabe quién acuñó ese término por primera vez. Durante mucho tiempo fue falsamente atribuido al sociólogo australiano Dan Woodman. La autora Sarah Stankorb dice que el primer uso de la palabra fue en un Ensayo para la revista "Good" en 2014. Pero a quien quiera que se le haya ocurrido el término realmente dio ‘en el clavo’.
Al igual que los Gen-Xers, como niños jugamos al aire libre, participando en juegos que nos hicimos nosotros mismos, mucho antes de la llegada de los videojuegos. Hicimos pulseras de macramé para nuestros amigos y nos escribimos postales. No pudimos coordinar reuniones con amigos por texto, chat o WhatsApp. Tuvimos que levantar el teléfono, llamar a su casa, presentarnos a sus padres y persuadirlos de que dieran a nuestro amigo permiso para salir.
Pero luego llegaron los primeros teléfonos celulares. Finalmente tuvimos una forma de contactar a nuestros amigos sin tener que convencer primero a sus padres. Comenzamos con alegría los mensajes de texto. Eso llevó a una horrenda factura telefónica que fue recibida con menos que alegres respuestas por parte de nuestros padres.
Nuestras primeras computadoras eran Intels, 286 o 486, o el Commodore Amiga. Nuestros primeros videojuegos llegaron en disquetes y se jugaron con el teclado o un joystick. Y, por supuesto, la primera dirección de correo electrónico terminó con "@ hotmail.com". ¿Y recuerdas el sonido que los viejos módems solían hacer al conectarse?
Pero actualmente usamos las redes sociales, pero podemos recordar una vida sin ellos. Nuestra infancia más temprana está registrada en cintas Super-8 que apenas son legibles hoy. Lo siento por todos los niños que tendrán que revivir sus éxitos y fracasos insignificantes en Full HD en unos pocos años. Crecimos sin el estrés de ser constantemente fotografiados, filmados o localizados. Fotos de nuestra infancia nunca fueron publicadas en Facebook.

A medida que crecimos, la tecnología maduró junto a nosotros. Tuvimos tiempo de acostumbrarnos a ella y aún éramos lo suficientemente jóvenes como para sentirnos a gusto con ella. Sin dudas resulta difícil escribir sobre notables como Stephen Hawking, pues se corre el riesgo de rozar interpretaciones equívocas de sus razonamientos. Pero dado que la motivación por hacerlo se debe a que fue una figura con quien aprendimos a pensar, no está demás ensayar humildes juicios a modo de homenaje, siempre y cuando nos alejemos de aquellas consideraciones que, por pretenciosas o superficiales, terminen convirtiéndose en ridículas y sin sentido.
Justamente uno de los principales logros de Hawking es que consiguió dar a las ciencias un carácter comprensible para el público en general, y no sólo para unos cuantos científicos. Este mérito ha sido mayor que cualquier galardón y a pesar de no haber recibido el Premio Nobel de Física.
Hawking partió de un justo análisis sobre el progreso de la ciencia en los siglos XIX y XX, en el que afirmó que sin embargo las mismas se convirtieron “ en demasiado técnicas y matemáticas para los filósofos, o para cualquiera que no se contara entre unos pocos especialistas". Esto motivó su interés por elaborar un conjunto de leyes completo que con el tiempo se simplificara y pudiera enseñarse en las escuelas, al menos sus líneas básicas. Sus palabras son suficientes para mostrar su objetivo que "todos podamos ser capaces de participar en la discusión de la pregunta de por qué existimos nosotros y el universo". Con este criterio, también interpeló a la mayoría de los científicos que "hasta ahora, han estado demasiado ocupados desarrollando nuevas teorías que describan cómo es el universo en vez de preguntarse por qué es el universo". Con esta lógica, hizo notar que el rol de los filósofos había quedado reducido a la nada, luego de no haberse podido mantener al día del desarrollo de las ciencias; contrariando así la rica historia de la filosofía íntimamente ligada al conjunto del conocimiento humano, y tratando que sea la ciencia la que ocupe este lugar, basada en su método de comprobación científico y desarrollo de un pensamiento teórico.
Para entender el pensamiento lógico, tuve que estudiar tres años de matemáticas y, que nadie lo supiese
Lejos de un pensamiento rígido y de ideas preconcebidas, que incluso en el mundo de las ciencias existen, Hawking trató de pensar todo desde un punto de vista histórico y comprender lo más preciso posible los nuevos descubrimientos, a partir de los cuales pensar la complementariedad entre las distintas teorías que se verificaban valederas; a modo de dotarnos de "una teoría del universo que sea consistente y que pueda predecir resultados finitos para las magnitudes mensurables" . Esta cualidad ubicó a Hawking, como científico por encima de sus colegas contemporáneos. Su preocupación como divulgador y su capacidad de pensar la ciencia en sus diversos campos de estudio, a partir de la concatenación entre las distintas teorías que se fueron corroborando experimentalmente y a través de ecuaciones matemáticas acertadas, sirvió para tender a conjugar un sistema de conjunto, dotado de un pensamiento teórico filosófico.

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