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Guerra estática en la economía por el control del mercado emergente

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* Venezuela, asume riesgos por carencia de liderazgo interno y diplomático
China, se dispone a relanzar un conjunto de Tratados Comerciales hacia los países subdesarrollados que le deben dinero para coincidir en algunos programas estadounidenses y dar un giro proteccionista que mire en definitiva hacia la integración económica en Asia Pacifico y acabar con las pretensiones de Donald Trump en dinamizar la economía a un costo justo, pero con una carga impositiva de impuestos más relativas. Aunque, desde 2013, las negociaciones van dirigidas a un lazo más cercano con Brasil y toda el área caribeña. Australia, India, Corea del Sur, Japón, Nueva Zelanda y África, un territorio difícil de lograr perspectivas económicas por estar organizadas en tribus.
El nuevo Gobierno estadounidense, parece menos proclive a fomentar los acuerdos de libre comercio con otros bloques económicos, por lo que algunos países como China han alertado de las consecuencias negativas de un incremento en las políticas proteccionistas. Sin lugar a dudas, de confirmarse esta situación, las relaciones comerciales con otros países se verán afectadas y esto a su vez impactará en los planes estratégicos de aquellas empresas con intereses cruzados. Que en nuestro caso, nos veríamos más aislados.
Otro foco de incertidumbre es el proceso de desconexión del Reino Unido, que ya está modificando los planes estratégicos de muchas empresas. Las relaciones comerciales entre Europa y el Reino Unido son muy fuertes y se encuentran reguladas por unos acuerdos que tendrán que volver a negociarse. Esto hace que los equipos directivos tengan que valorar sus opciones en función de unos acuerdos que todavía están por definir. Muchas empresas están preparando planes de contingencia en caso de que sea necesario establecerse fuera del Reino Unido. A su vez, las empresas con filiales en el país tienen que decidir entre mantener o incrementar su presencia en ese mercado, o bien abandonarlo si el marco regulatorio es más hostil.
En estos últimos días de mandato, los primeros ministros británicos vienen gobernando desde un búnker. Están convencidos de su propia inmortalidad, prescinden de sus asesores más cercanos recurriendo a los ayudantes más abnegados. El paso del tiempo reduce su visión del mundo fuera del 10 de Downing Street. Theresa May ha empezado en el punto en el que terminaron sus antecesores. Seis meses después de jurar el cargo, May desconfía totalmente de su equipo de funcionarios. Las autoridades son apartadas del proceso de toma de decisiones. No es una forma inteligente de dirigir un Gobierno, y no digamos ya un Ejecutivo encargado de gestionar el mayor cambio político y económico desde el final de la Segunda Guerra Mundial. May ha elaborado un programa para llevar a cabo un Brexit "duro", una ruptura completa con la UE que sacará a Reino Unido del mercado único y de la unión aduanera. No puede haber soluciones a medias, asegura, si lo que quiere Reino Unido es reducir la inmigración de la UE y renunciar a la jurisdicción del Tribunal de Justicia Europeo.
En su discurso más reciente, la primera ministra ha ofrecido las habituales garantías de que tras el Brexit mantendrá unos fuertes vínculos con Europa, ofreciendo un discurso absurdo sobre las nuevas oportunidades para un país ahora rebautizado como "Reino Unido" global.
Aun así, nadie debería dudar del coste económico y geopolítico de la ruptura con la Unión Europea. Reino Unido dejará de ser una plataforma para los negocios extranjeros, manufacturero y de servicios, que quieran vender libremente al mayor mercado del mundo. Las empresas tendrán nuevas barreras para comerciar con los 27 países miembros de la UE, que representan más del 40% de las exportaciones británicas. Decenas de tratados comerciales con terceros países quedarán invalidados. Tanto los vínculos económicos como las relaciones políticas perderán fuerza. Los primeros ministros británicos estarán ausentes de los consejos que se celebren en su propio continente. Es probable que May haya entendido esto, de ahí su interés por cortejar al presidente Donald Trump. Antes de las elecciones compartió la opinión del establishment de Westminster, que dijo que Trump era un ricachón peligroso. Ahora, desde el 10 de Downing Street se ha dado la orden de que no se haga ninguna declaración que contradiga la admiración de Reino Unido por la nueva Administración.
Es el momento de Donald Trump arropar al Reino Unido y junto a Rusia aislar a China y Venezuela, muy desprestigiada últimamente por el tema del narcotráfico y los bienes asentados en Estados Unidos por algunos altos dirigentes del madurismo y oficialismo bolivariano.
El desarrollo de los eventos que vienen a los venezolanos, marcará la toma de decisiones de un gran número de empresas, algunas fantasmas que tendrán que determinar sus planes estratégicos a futuro en función de un escenario político que presenta grandes incógnitas. Todo por abusar del poder y no respetar la legislación actual y la Constitución Bolivariana. Repito, La incertidumbre actual da lugar a un amplio abanico de escenarios que tendrán que ser evaluados antes de tomar las decisiones que marcarán el devenir a medio largo plazo de un gran número de empresas. En estos momentos es difícil determinar si los acontecimientos provocarán un aumento de las operaciones corporativas entre empresas con intereses económicos en distintas áreas geográficas. Es posible que un retroceso en las políticas de libre mercado y un incremento del proteccionismo provoquen un crecimiento en la actividad corporativa. Algunas empresas verán más beneficioso elevar su presencia local en aquellos mercados que tiendan hacia un cierre de las fronteras económicas, que ya están cerradas y Colombia como países extranjeros nos venden productos acabados totalmente dolarizados, mientras otras podrían optar por reducir o abandonar su presencia en mercados en los que las condiciones empresariales empeoren.
Sin duda, la guerra comercial se intensificará en ciertos productos y mercados.
También cabe la posibilidad de que se intensifique la guerra comercial en ciertos productos o mercados, lo cual generaría un proceso de concentración en aquellas industrias en las que el entorno competitivo sea más complejo. Para los inversores, este escenario puede generar grandes oportunidades si se anticipan correctamente a los movimientos empresariales, pero también presenta importantes amenazas. Según vaya tomando forma el nuevo escenario geoestratégico, puede que algunos países, sectores y compañías se vean afectados negativamente, y que su capacidad de reacción esté muy limita por la acción de los políticos. El ejemplo más claro, Venezuela, donde los políticos no son de carrera, sino de oportunidades y sin ideología, buscan controlar poder y el comercio.
El primer factor a tener en cuenta es el programa político que establecerá el recién estrenado Gobierno estadounidense y que afectará tanto a su política interior como exterior. Antes incluso de comenzar su andadura, el nuevo Ejecutivo ya ha influenciado importantes decisiones estratégicas en diversos sectores de la economía. Su intención de impulsar el proteccionismo y su orientación hacia una política menos aperturista en materia de comercio internacional se están haciendo notar. Trump no es ningún imbécil, es un empresario.
La estrategia para este año en renta variable es geográfica, se centra el primer semestre en EEUU, ya que la reforma fiscal de Trump puede hacer seguir pulverizando récords en los índices estadounidenses, y la segunda mitad del año, con la incertidumbre política superada en Europa, centrarse en esta, salir de Wall Street por posibles caídas, causadas por recogidas de beneficio y entrar en el Ibex .Centrarse más en la renta variable estadounidense en detrimento de la europea durante el primer semestre busca los economistas estadounidenses. Encaja con un escenario. Ahora bien, si a partir del segundo semestre, según preveo, lo que se producen son caídas cuantiosas, no veo la necesidad de estar en bola desde el lado comprador. Todo lo contrario, estaría en bolsa, pero en cortos tiempos, tanto en Europa como en EE.UU.
Con toda su pompa y esplendor, la toma de posesión del presidente de Estados Unidos supone un antes y un después, aunque no sea algo necesariamente memorable.
Cabe recordar las palabras de Franklin D. Roosevelt en 1933 en plena gran recesión -"Lo único que tenemos que temer es al miedo mismo", o las de John F. Kennedy en 1961 - "No preguntes lo que tu país puede hacer por ti sino lo que tú puedes hacer por tu país". Algunas fueron de agradecimiento como cuando en 1977 Jimmy Carter dio las gracias a Gerald Ford por todo lo que había hecho "para curar a nuestro país" tras el Watergate. Muchas han tenido la virtud de transmitir una sensación de bienestar combinada con un sentido de la anticipación, porque a Estados Unidos le gusta sentirse bien consigo mismo y cree en mirar hacia adelante no hacia atrás. Así ocurrió en el discurso de Ronald Reagan en 1981, el triunfo de una nueva forma de conservadurismo, con el glamour de Hollywood coronando el pastel; y el de Barack Obama en 2009, reflejando el orgullo nacional al elegir al primer presidente negro.
La llegada a la Casa Blanca de Donald Trump días atrás es sencillamente diferente, no solo por la dura campaña electoral -algo que continúa siendo palpable- sino porque nadie, ni siquiera el nuevo presidente, sabe lo que hará o cómo se comportará. Gobernar a golpe de Twitter, por ejemplo, no tiene precedente. En ninguna parte se siente tanta aprensión como en la capital de la nación, las tripas de la bestia de una democracia poco funcional, donde solo el 4,1% de su población le ha votado. Pero es el presidente, gracias al colegio electoral y los errores de la Clinton en el Medio Oriente.
La mayoría de políticos han mostrado escaso entusiasmo y el congresista demócrata John Lewis ha cuestionado la legitimidad de Trump como presidente. El día después de la toma de posesión, miles de mujeres se manifestarán en Washington y otras ciudades del país en contra del nuevo presidente, sobre todo porque podría reformar el Tribunal Supremo poniendo en peligro su derecho a reproducirse. Pero todas, ahora deben pagar sus impuestos y sacar sus documentos en migración.

 

 

 

 

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