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Las elecciones de España y los acertijos de Pedro Sánchez

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Aventis
Pedro Sánchez, sin saberlo ha reasumido compromisos con Podemos y, ahora debe ir a un ajuste fiscal y llevar al pueblo español a unas elecciones electorales que le abra el camino a Catalunya y explorar los nuevos proyectos en obras públicas del Estado. La gran incógnita es la manera de convalidar el presupuesto ante la ley del parlamento y su ejecútese.
De verdad, creo que es un gobierno al verdadero estilo Frankenstein. Claro PP, quedo en el piso y las propuestas no exigirán muchas enmiendas y ojalá, sin retrasos se aprueben los nuevos presupuestos.
Pedro Sánchez se ha comprometido a traer en septiembre al Congreso. El paso previo a que pueda haber presupuestos en todas las Administraciones Públicas españolas, es de acuerdo con el artículo 15 de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria, la aprobación del techo de gasto y los objetivos de déficit. El problema es que este acuerdo del Gobierno tiene que aprobarse sucesivamente por el Congreso y el Senado. Si cualquiera de las dos cámaras lo rechaza, el acuerdo se devuelve al Gobierno, que deberá presentar uno nuevo en el plazo de un mes.
Traduciendo, no habrá techo de gasto, ni presupuesto, de cualquier Administración Pública en 2019, si no lo autoriza la mayoría absoluta del PP en el Senado. Que ya no los tiene. Las previsiones de que el Gobierno de Pedro Sánchez pueda traer un presupuesto no ya en septiembre, sino en cualquier momento, son simplemente remotas.
Dados estos tremendos problemas tanto para aprobar leyes, para los presupuestos, como incluso para poder aplicar la Constitución, cualquiera se preguntaría cómo se ha llegado hasta el Gobierno de Sánchez. Evidentemente, una parte del problema es que Rajoy y el anterior gobierno del PP se han negado sistemáticamente a asumir ningún tipo de responsabilidad política ante los casos de corrupción, incluso institucionalizada, en los que se ha visto envuelto su partido. La gota que colmó el vaso y llevó a la moción de censura, fue la primera de las piezas separadas de la Gürtel.
Además, obviamente, está la responsabilidad del PSOE de Pedro Sánchez que ya es presidente y quien pacto con cualquiera para que la moción saliese adelante. De hecho, sólo puso un límite: quería gobernar y no estaba dispuesto, y no lo ha hecho, a fijar una fecha de elecciones, para que fuesen los españoles los que decidiesen la salida de la crisis institucional y política en la que están inmersos.
Por otra parte, el PP de Rajoy se equivocó de adversarios: su gran estrategia política consistió en atacar a Ciudadanos, el único partido que le votó favorablemente la investidura y le apoyó sus presupuestos. Además, los ataques del PP a C's se debían fundamentalmente a estar realizando una política, en ámbitos como el fiscal, y especialmente en Cataluña que sus antiguos votantes eran las que hubiesen deseado. Entretanto, Rajoy calificaba a Sánchez de hombre de Estado, y resaltaba la fiabilidad y seriedad del PNV. Pese a regalos al PNV como el cuponazo, han sido finalmente los votos del ellos los que han echado al PP y a Rajoy del Gobierno.
Esto pudo haberlo parado, incluso el propio viernes, Rajoy dimitiendo, como le había exigido Albert Rivera desde la tribuna. Esa dimisión hubiese hecho decaer la moción de censura, como incluso admitió Pedro Sánchez, y hubiese abierto un proceso de investidura. En ese proceso, igual un candidato del PP hubiese obtenido un mandato, o lo habría hecho Pedro Sánchez, pero lo hubiese tenido más difícil que en la moción de censura. Sin embargo, para el PP existía el riesgo, parece que intolerable, que del proceso de investidura se acabase en las Urnas: cualquier cosa, menos que los españoles decidiesen. Rajoy y Sánchez, con tal de huir de las elecciones democráticas han condenado a España al Gobierno más débil de su historia, el Gobierno Frankenstein, y eso en medio de una crisis constitucional sin precedentes derivada del golpe a la Democracia en Cataluña.
Después de varios días agotadores de pleno, que el propio Rajoy decidió obviar yéndose a un restaurante, sólo queda la reflexión de Abraham Lincoln, enfrentado también a los supremacistas y a los que querían destruir su país: "El Gobierno del Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo no desparecerá de la faz de la tierra". Gettysburgh 1863.

 

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