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Economía productiva y constituyente

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La Tecla Fértil
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Los líderes chavistas, ignoran que el Proyecto Comunitario tiene un carácter mundial y, prácticamente se han burlado del pueblo, porque los programas de ejecución poco se han realizado en nuestro país, sobre todo, donde los gobernadores son militares. Ya curada, las heridas de la II Guerra Mundial algunas provincias europeas nos abrieron las puertas para comercializar productos de primera necesidad, con la idea de aminorar las desigualdades económicas y sociales.
El Tratado de Roma puso en marcha el proyecto político, económico y social más importante para Europa en la era moderna, contribuyendo en aquel momento a ilusionar a la ciudadanía en las instituciones que se derivaran de ello. Desde entonces la actual Unión Europea ha disfrutado, en un escenario de paz, del mayor período de prosperidad social y económica de su historia. En ese momento de la regeneración, Hugo Chávez Frías, se situó en las diferentes capitales y participó en conferencias, dando a conocer el musculo que movía el Continente Sureño y, para esto, es necesario blindarlo por la amenaza terrorista y la participación de una soberanía compartida con Colombia, Bolivia y Cuba.
Esto, fue considerado como el período de la regeneración y muchas personas, tomaron las calles y de allí, volvió el tema migratorio sobre las fronteras y mares, apareciendo, la lucha contra el terrorismo y las fuerzas de comando en cada lugar fronterizo, hicieron su trabajo. Los jefes de gobierno, vienen recurriendo al Tratado de Roma para hacer sus balances
. El objetivo de estas reuniones plenipotenciarias es minimizar la amenaza terrorista, sobre todo después del ataque de Londres, y tratar de evitar disturbios en las manifestaciones que recorreren las calles romanas y de países vecinos, El 25 de marzo de 1957 se firmaron en Roma dos tratados que daban existencia a la Comunidad Económica Europea (CEE) y a la Comunidad de la Energía Atómica (EURATOM). Los firmantes del histórico acuerdo fueron Christian Pineau por Francia, Joseph Luns por los Países Bajos
Él objetivo político era afirmar el carácter democrático de los pueblos, como también tratar el tema delos aranceles que vendrían a ayudar a los deprimidos ante una sociedad burguesa Este mercado común afectaba en realidad exclusivamente a la libre circulación de bienes. El libre movimiento de personas, capitales y servicios siguió sufriendo importantes limitaciones. En realidad, habrá que esperar al Acta Única de 1987 para que se diera el impulso definitivo que llevó a que en 1992 se estableciera un mercado unificado.
Mientras en Venezuela, se abría las puertas al Estado Rentista, donde muchos ciudadanos crearon empresas y formaron las primeras cooperativas.
El Tratado de Roma, significó el triunfo de la tesis funcionalista, representada especialmente por Jean Monet y, desde allí, se logró iniciar un proceso de integración- La "crisis del petróleo" de 1973 puso fin al período de espectacular crecimiento económico del que habían disfrutado durante largos años los países europeos. El desempleo, la inflación, la crisis de sectores tradicionales de la industria caracterizaron el panorama económico de la CEE en la segunda mitad de los años setenta y los inicios de los ochenta.
Venezuela, con su Revolución Bolivariana iniciada con Hugo Chávez, no es, en sentido estricto, un país socialista donde terminó de una vez el capitalismo. Así como no lo son –o son procesos complejos, confusos a veces– otros modelos sociales populares y nacionalistas que han tenido o están teniendo lugar en Latinoamérica en estos últimos años, que le hacen alguna cosquilla al capitalismo o al imperialismo: Brasil con el PT, Argentina con Kirchner o Fernández, Bolivia con Evo Morales, Ecuador con Correa. En la Franja del Orinoco, en Venezuela y en el medio de la Revolución Bolivariana, siguen operando compañías multinacionales privadas, que repatrían ganancias a sus casas matrices, como las estadounidenses Chevron/Texaco o la Exxon/Mobil, la británica British Petroleum, la anglo-holandesa Royal Dutch Shell, la francesa Total, la argentina Pérez Companc, la española Repsol. De hecho, el gobierno bolivariano fijó en un 50% de lo facturado las regalías que esas empresas deben pagar al Estado venezolano.
Entonces, si las multinacionales petroleras no han cerrado su negocio en Venezuela, y aún con esa alta carga impositiva continúan operando muy felices, ¿por qué esta agresividad tan grande de Washington hacia la Revolución Bolivariana?
Si algo le preocupa a esa geoestratégica de la clase dirigente estadounidense es que no tiene totalmente asegurado el manejo de esa gran reserva de Venezuela (como pareciera que lo sí lo tiene en el Golfo Pérsico). No contar con un gobierno dócil, que se arrodilla mansamente ante su dictado, es una bomba de tiempo. De ahí la obsesión por detener la Revolución Bolivariana a toda costa, primero con Chávez en la presidencia, ahora con Nicolás Maduro.
Nada ha cambiado. Si alguien había pensado que algo podía cambiar con su llegada a la Casa Blanca, se equivocaba de cabo a rabo. ¿Por qué habría de cambiar?
En todo caso, el discurso que levantó el magnate Trump durante su campaña presidencial pudo hacer pensar –equivocadamente, por supuesto– en algún cambio coyuntural. Ante la actual crisis que vive la economía estadounidense, su propuesta apuntaba, al menos en la declamación, a un intento de renacimiento de la alicaída industria nacional.
Pero ahí viene el espejismo. Lo que está alicaído es el poder adquisitivo de la clase trabajadora estadounidense: sus empresas siguen prósperas, muy saludables, manejando el panorama con perspectivas de futuro. Si bien es cierto que, en términos técnico-contables, la producción bruta de China ha superado a la de Estados Unidos, el país americano sigue siendo aún el líder mundial, económica, política, tecnológica y militarmente.
De las más corpulentas empresas a nivel global, las once más grandes tienen su casa matriz en territorio estadounidense, siendo 54 de ese origen las más capitalizadas entre las primeras 100 de todo el planeta. Siguen manejando todos los dominios: petróleo (Exxon-Mobil, Chevron-Texaco), tecnologías de la comunicación (Apple, Microsoft, Google, Facebook, Hollywood), banca (Wells Fargo & Co, JMorgan Chase, Berkshire Hath-A), química (Johnson & Johnson, Procter & Gamble, Pfizer Inc.) y, por supuesto, industria militar (Lockheed Martin, Boeing, BAE Systems, Northrop Grumman, Raytheon, General Dynamics, Honeywell, Halliburton, General Motors, IBM. Todos estos capitales del complejo militar-industrial registraron ventas en 2016 por casi un billón de dólares, teniendo además incrementos desde 2010 de un 60%, por lo que, para ellos, claramente, no cuenta la crisis económica).
El proceso de globalización neoliberal, comenzado hacia la década de los 70 del pasado siglo, reconfiguró el mundo, y obviamente, también al sistema capitalista. La producción y la comercialización se hicieron absolutamente planetarias: una misma mercancía puede ser elaborada en cualquier parte del mundo con la misma tecnología y distribuida por todo un expandido mercado mundial. Los capitales privados aprovechan así las ventajas que le ofrecen los países más pobres, donde los salarios son más bajos y donde gozan de ciertos privilegios, como la exención impositiva, la debilidad o falta de regulaciones medioambientales y la escasa o nula organización sindical de los trabajadores. De esa forma, una empresa oriunda de un país rico y desarrollado abandona sus instalaciones allí para establecerse en alguna llamada “zona franca” del Tercer Mundo; así, abarata los costos de producción, pero no abarata el precio final del producto terminado. Y dicho producto ya no se comercializa solo de fronteras adentro en el país productor, sino en un mercado mundial. A partir de ese esquema, quien pierde es la clase trabajadora del país originario de los capitales. Los capitales no pierden, sino que, por el contrario, ganan más aún.
Así considerado el mecanismo en juego, Estados Unidos se empezó a empobrecer relativamente: sus trabajadores se empobrecieron, porque en muchos casos se quedaron sin empleo. Las empresas siguen ganando monumentalmente. Ya vimos los datos de la industria militar: cada vez hay más guerras, por tanto, más armas. Y Estados Unidos provee la mitad global de esos equipos. Por tanto, no hay crisis para esas megaempresas.
Los países industrializados no logran salir del atolladero de la estanflación, es decir, contracción económica e inflación galopante a la vez. Las recetas keynesianas (expansión del gasto público y de la masa monetaria), que supuestamente habían demostrado su eficacia en otras circunstancias, no hacían sino exacerbar la inflación sin llegar a reactivar el crecimiento económico.
Japón parece estar a punto de destronar a EEUU como principal potencia económica, debido en gran medida a un fuerte activismo del Estado en la protección y promoción de sus industrias.
En el campo de la geopolítica, el fiasco de EEUU en Vietnam en la década de los 70 llevó a la opinión pública y a los dirigentes estadounidenses a huirle a todo nuevo posicionamiento belicista, actitud esta que quedó plasmada en la política exterior del presidente Jimmy Carter.
El Capitalismo, tiene un carácter clientelista, es profundo y devastador, aún, en la Rusia de Putin, lo que le impide a ese país superar su estancamiento y retraso tecnológico.
Por otra parte, así como la URSS quedó entrampada en Afganistán, la Rusia de Vladimir Putin, a pesar de sus victorias militares en Siria, no avizora el fin de su involucramiento en aquel país del Medio Oriente. Igualmente, los esfuerzos del Kremlin por someter al pueblo ucraniano están resultando tan infructuosos como las tentativas de la URSS de acallar el descontento en Europa Oriental.
Lo que les hace falta tanto a la Rusia de Putin como a la China de Xi Jinping es el mecanismo autocorrector, la capacidad de cuestionamiento y reforma, la vigencia del Estado de derecho y de una justicia no politizada (condición sine qua non para luchar eficazmente contra el clientelismo y la corrupción) que solo la separación de poderes, la libertad de debate y la celebración de elecciones no amañadas son capaces de brindar.
Por todas estas razones, en la nueva Guerra Fría que actualmente se está librando, el orden capitalista liberal lleva una vez más las de ganar.
Definitivamente la mejor manera de engañar se está haciendo viral en el planeta: consiste en disminuir ostensiblemente la capacidad de pensar para centrarse en escuchar, leer, ver, repetir, sin analizar mínimamente lo recibido. Así, quienes detentan el poder de la comunicación tienen las manos libres para exponer lo que deseen, aun siendo una absoluta falacia, sin pruebas.
Respecto a las elecciones presidenciales en Francia se demuestra lo correcto del planteamiento anterior, pues diversas presunciones se convierten en afirmaciones que los Medios exponen como certezas sin serlo.
La ultraderecha es una visión del mundo organizada políticamente que se expresa a través de publicaciones, movilización y acciones violentas, con el objetivo de sustentar el nacionalismo extremo, el fascismo, racismo, la confrontación con otras naciones, especialmente desencadenada cuando el sistema social está cuestionado por fuerzas que proponen un cambio radical del modelo socio económico capitalista. Ejemplos de ello son Patria y Libertad en el Chile de Allende, o los movimientos delincuenciales en Ucrania que proponen el regreso al nazismo y la guerra.
La ultraderecha defiende la libre circulación del capital, las privatizaciones, el desmantelamiento de los derechos sociales, la reducción de los gastos en educación y salud, la represión a la clase obrera, el conservadurismo cultural, el machismo, la xenofobia, la vigilancia y el control permanente de los individuos, el racismo y la militarización de todo el planeta. Su expresión máxima es la alianza con el complejo militar industrial, el que ha sido artífice de todas las intervenciones en América Latina, Asia, Europa, principalmente, con el fin de defender por cualquier método de lucha a las élites dominantes.
En este caso, sólo se dan algunas condiciones en Le Pen, pues su propuesta de concertación para el mundo contemporáneo, la salida de la Unión Europea, el proteccionismo, el descenso en la edad de jubilación, entre otras, más bien cuestionan al sistema social establecido lo que hace débil la caracterización de ultra derecha. Por esto, perdió las elecciones en Francia y, donde gano el moderado Emmanuel Macron-
El candidato de ¡En marcha! tiene a su haber una juventud envidiable, un matrimonio que resalta los afectos por la edad, no haber participado de la vida política de modo público permanentemente, un discurso fácil, lo cual difumina su exacta posición: candidato preferido del sistema, especialmente al haber sido gerente asociado del Banco Rothschild en Francia.
No sin razón, Hollande, la Unión Europea en su conjunto, presidentes, OTAN, FMI, han dado su beneplácito al triunfo electoral obtenido. Ello es debido a que postula el neoliberalismo (derecha) en su más amplia concepción: propicia el libre mercado, privatizar la Seguridad Social, el eurocentrismo, imponiendo en su calidad de ministro medidas económicas polémicas como la rebaja fiscal de 40.000 millones de euros a las empresas o la famosa Ley Macron, que amplió la apertura de las tiendas en domingo y negoció con la patronal la introducción de una cláusula que facilitara el despido por motivos económicos.
Lo importante en la vida política de una nación no es el partido, sino el poder que poseen ciertos actores fundamentales y la concepción que se implementa. Que el Partido Socialista Francés (PSF), por ejemplo, no haya apoyado a su representante, significa que el proyecto de sociedad neoliberal es el vigente plenamente.
En Venezuela, nos hemos abierto a una economía productiva y que el pueblo tenga una acción directa en su ejercicio político

 

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