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DOLARIZAR, PERDIDA DE NUESTRO SIGNO MONETARIO

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Aventis
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Emiro Vera Suárez

La dolarización en Venezuela se acerca con fuerza para evitarle angustias y decisiones técnicas a la economía varada que busca desesperadamente su liberalización a ultranza de los más pobres. La dolarización es el proceso mediante el cual un país reemplaza su moneda local con una moneda extranjera que pasa a ser de uso legal en dicho Estado. El origen del término hace referencia al dólar estadounidense pero puede ser aplicado para otras monedas como el euro. Organismos multilaterales con sus intereses y alianzas hegemónicas buscan impulsar su desarrollo a la manera de sus propios caprichos.
En la actualidad Venezuela posee un índice de inflación anual mayor al 60% y una devaluación del 88%. Los venezolanos se han visto en la obligación de cambiar sus “bolívares” por “dólares” para mantener sus ahorros. En una economía tan inestable mantener ahorros en una cuenta bancarias es una devaluación segura ya que el dinero se deprecia día tras día, lo que hoy valía 100 Bs en un mes valdrá 150 o más.
El desequilibro económico de Venezuela busca romper con la capacidad de compra del venezolano y, hasta ahora algunas propuestas resultan algo absurda, aunque ofrece propuestas y satisfacciones a ciertos sectores de la ciudad, creando huecos fiscales, cuya consecuencia resulta ser inflacionaria. Pero no me quiero pegar con el análisis de la dolarización porque esa no es la ruta que veremos en este gobierno. Eso no está planteado. la comparación no es entre el mundo normal y la segmentación, sino entre no tener nada y tener algo parcial en los que unos operarán exclusivamente en moneda extranjera y otros en moneda local. Es en realidad la conformación de una economía dual. La razón es que el gobierno no puede garantizar divisas a esos sectores, que no considera esenciales, y estos no están dispuestos a seguir operando sin recibir divisas. El resultado lo hemos visto ya en el caso de las aerolíneas, los licores y los carros y repuestos, entre otros. ¿Cómo se resolvió parcialmente el tema de los pasajes al exterior? Cuando las aerolíneas comenzaron a cobrar pasajes en dólares. ¿Cuándo se consiguen licores? Cuando los importadores deciden traer productos con sus divisas y venderlas a precios de reposición en dólares. Finalmente, en el tema de los carros lo que se está viendo es la formalización de otra segmentación, pero esta vez con acuerdos explícitos, públicos, privados, que permitirá las operaciones de venta de carros en dólares, generando ahorros de divisas e impuestos en moneda extranjera. Podríamos evaluar los elementos negativos y positivos de estas segmentaciones. Es fácil privilegiar el tema de que en estos segmentos no hay acceso a quienes no tengan divisas. Es posible dedicarle un artículo sólo a explicar cómo esta segmentación no resuelve el problema de fondo que ocasiona el control de cambio y precios y explica porque no hay divisas para todos los sectores y para garantizar la producción en moneda local. O la discriminación que esto representa con los venezolanos sin acceso a divisas o a los otros sectores que, sin recibir tampoco dólares oficiales, no tienen el derecho de cambiar su operación completa a dólares. Pero por encima de todas esas críticas interesantes de debatir, prefiero ir al punto central. Considerando que el modelo de control primitivo que origina la crisis no va a cambiar, sin esa segmentación no habría pasajes para nadie, si no se pueden pagar en dólares. No habría bebidas en el mercado porque nadie las traería pagando en dólares para vender en bolívares que no pueden convertir. Y sin esa decisión prevista en el sector automotriz, no volveremos a ver un carro nuevo sino en fotos, sin hablar de la pérdida de empleos e impuestos que sería inevitable. Entonces la comparación no es entre el mundo normal y la segmentación, sino entre no tener nada y tener algo parcial.
La dolarización no es la fórmula mágica para resolver los problemas económicos del país, pero logrará, a corto plazo, una estabilidad monetaria que incluye una reducción drástica de la inflación a nivel de un dígito, tasas de interés bajas, y de la incertidumbre para invertir. Se recuperará el ahorro y el patrimonio de los venezolanos, porque se elimina el riesgo de la devaluación, y el financiamiento crediticio mejora. Finalmente, la dolarización alentará la inversión extranjera y nacional de largo plazo por la estabilidad monetaria, y potencia fuertemente la posibilidad de inversiones de las grandes petroleras multinacionales en la faja, e inversiones agroindustriales y agrícolas de los países del Mercosur y América Latina. Ahora bien, podría decirse que en cierto sentido la economía venezolana se ha ido dolarización extraoficialmente, ya que los venezolanos prefieren comprar dólares para proteger sus ahorros que guardar bolívares. Los altos índices de inflación han abierto paso al consumismo, puesto a que es más factible comprar un bien o producto que posteriormente adquirirá más valor que guardar el dinero en un banco.
Venezuela no sería el único país de Latinoamérica en dolarizar su economía. Panamá, El Salvador y Ecuador cambiaron sus monedas locales el dólar.
El problema es más profundo, Estados Unidos busca una política de coexistencia y debe ser defendida contra la intransigencia. Según ellos. Pienso que esta política hubiera servido mucho mejor a los propósitos de las negociaciones si Estados Unidos no hubiera declarado con respecto, a la Alianza Atlántica, las tareas que expondré a continuación me parecen de absoluta prioridad.
La raíz del problema de las relaciones con los aliados y la influencia del dólar, que la crisis polaca ha puesto de relieve de forma tan brutal, no tiene que ver con los procedimientos, sino con las estructuras. No es que Estados Unidos no consulte lo suficiente, sino que la Administración no se siente segura de los propósitos de las consultas y no vaya a fracasar como Libia e Irak. En la actualidad, la Alianza Atlántica carece de una doctrina de seguridad que explique de forma realista el constante incremento de los arsenales nucleares, tanto en Oriente como en Occidente, Arequipa, (Perú), es un ejemplo de ello.
En el pasado, las alianzas representaban el agrupamiento de diversas fuerzas. En contraste con este concepto, la OTAN ha operado durante mucho tiempo, como si fuera una garantía nuclear americana unilateral. Y sigue funcionando con este planteamiento, aunque el espectro de la posible catástrofe que supondría un enfrentamiento nuclear haya modificado todas las ideas anteriores sobre la guerra. Históricamente, siempre se consideró la rendición como una alternativa peor que la resistencia. Para muchos, las consecuencias catastróficas de una posible guerra nuclear han invertido ese orden de preferencia. Para estas personas nada puede haber peor que un posible holocausto nuclear, mejor es penetrar territorios con grupos armados como Aqueda y el Estado Islámico, quienes utilizan armamento norteamericano.
Polonia constituye un desafío fundamental para las relaciones Este-Oeste, y no sólo por la brutal violación de los acuerdos de Helsinki, sino por lo que nos revela acerca del concepto soviético de la seguridad. Una cosa es que la Unión Soviética busque seguridad frente a las presencias militares hostiles en los países vecinos, y otra muy distinta hacer depender dicha seguridad de la creación de un cordón de Estados vasallos sujetos al inapelable derecho soviético a imponerles un Gobierno totalitario que la mayoría de los ciudadanos de dichos países rechazan.
El resultado de todo ello es una combinación de neutralismo y pacifismo. Es opinión generalizada que América no tiene más alternativa que defender a Europa. El viejo continente, piensa que no arriesga nada al disociarse políticamente de Estados Unidos y dejarse llevar por la apatía en cuanto a las cuestiones de defensa, al tiempo que se resiste a ciertas medidas de Estados Unidos por asuntos del euro y repartimiento de la energía como producto de invasiones territoriales, tales como la instalación de misiles que representan, de hecho, la consecuencia lógica de la doctrina nuclear europea. Antes o después esta postura tendrá que conducir a la catástrofe. Si nos enfrentamos seriamente a la necesidad de evitar la guerra nuclear y nos negamos a ceder ante posturas violentas, la Alianza Atlántica tendrá que aumentar su poderío convencional colocando bases militares de infantería en Colombia y Perú. No hay otra alternativa. Pero falta un programa serio que persiga esta finalidad a ambos lados del Atlántico para adueñarse de la Guayana Esequiba que es territorio venezolano.
En combinación con los conflictos centroamericanos, esto podría absorber las energías de Estados Unidos en el hemisferio occidental, deteriorando sus tradicionales vínculos con Europa y sus importantes relaciones con Asia. Y podría socavar los nexos con Latinoamérica, que históricamente han constituido el tema más consistente de la política exterior de Estados Unidos.
No olvidemos a Canadá, un apéndice de Estados Unidos, quiere hacer presencia en Latinoamérica en calidad de proteccionista y su fin es evitar un desastre ambiental y actúa bajo el manto de ONGs. Aunado a las presiones de una guerra nuclear y donde el Continente Sureño aportaría la mayor cantidad de energía por sus minerales y de fármacos por La Amazonia. Incluso es el mayor reservorio de las especies desde el Sur de Venezuela hasta la Patagonia.
Los mexicanos se han aliado a Estados Unidos y Canadá, en Miami opera un centro de Diversificación del Dólar patrocinado por banqueros corruptos y cuyas empresas de valor están representadas por títeres e imberbes de la economía global. Allí en México privatizaron el gas y petróleo, en Venezuela programan la privatización del agua, cuyo botellón tiene un precio oscilante entre 80 y 100 bolívares fuertes.

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