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China, estamos quebrados con el coloso asiático

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Aventis
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Las declaraciones dadas por el gobierno en cuanto a la guerra económica, vienen motivando al dólar paralelo y el tiempo se ha vencido. Viene una nueva fase, encriptar en factores proselitistas que se manejan desde lo interno del Psuv, como es la perturbación del orden social, para enfrentar a vecino con vecino. Pero, el mejor aliado es el silencio y el alborozo del pueblo. Las autoridades, pertinentes a un ideario lanzan concepciones acerca del sostenimiento político del país y desde adentro del Ejecutivo confrontar y enfrentar al mismo gobierno. Es un proceso de avances y retrasos para emitir criterios no oficiales sobre una realidad, patentizada en el mercado de valores y la industria agroalimentaria.
Ahora, nos amenazan con tropas aguerridas que buscan invadirnos para justificar posiciones que quebrantan nuestra paz y equilibrio social. Ahora se habla de guerra e intervención, algo difícil de entender. En el pasado era la comida. El gobierno, le entregó dólares a perturbadores del orden público que, bajo la careta de empresarios, nunca le cumplieron al Estado.
Es así de simple. Los franceses, tienen algo de responsabilidad en esto, luego de la visita del presidente francés Hollande a los terrenos que servirán de abrigo a los guerrilleros de la FARC. El mundo globalizado, se maneja en dos paralelos y una economía que exige una visualización más acertada en su acción bursátil.
Hemos fallado en la competitividad y nos movemos con ciertas dificultades en bienes agrícolas. Pero, a la comunidad internacional le interesa es los minerales y, por eso se mueven con dificultad a la hora de querer invadirnos, los traidores a la patria ya le entregaron documentación precisa a las potencias extranjeras y el ron, es el mejor regalo de la naturaleza a través de la caña y le da a Venezuela, una magnífica oportunidad en participar de manera exitosa en el mercado internacional. Pero, ya es tarde, el marketing nos ha encasillado en la mano agrícola y productiva
Esto es solo una circunstancia, se trata de la generación de mercancías de poca densidad tecnológica, hay extranjeros laborando en puestos claves por contratos en empresas multinacionales que se llevan toda la información y el venezolano, debe cancelar ese valor mercantil. Un verdadero retroceso para darle valor a nuestro bolívar. Vivimos días equivocados y ya tenemos a puerta, la Flota Sur estadounidense y, en poco tiempo, al portaviones ruso de alta tecnología y las fragatas y destructor chino. La misión no es resguardarnos, sino cuidar los bienes chinos y la generación de obra de mano china, ellos, trabajan en conjunto y reflejan una sola realidad, es un nivel de conocimiento antiguo.

Quizás en países como los centroamericanos, o en el norte de México, en los procesos de maquila -donde solo se le agrega a las mercancías importadas procesos finales de poca complejidad- es posible decir que es la mano de obra barata la que permite la presencia de esas mercancías finales, originarias de esos países, en los mercados internacionales.

Venezuela, no se encuentra en esa categoría de países, pues su personal técnico y obrero obtiene salarios iguales o mayores que la media regional, lo cual no concede al costo de la mano de obra el carácter de una categoría competitiva. A partir de estas consideraciones cabe preguntarse: ¿cómo aspira Venezuela a insertarse en los circuitos del comercio internacional en los próximos 25 ó 50 años? ¿qué pretende hacer para ser exitoso en el comercio internacional? Si la respuesta es seguir vendiendo petróleo, incluso en mayores cantidades, no cabe duda de que se opta por una vía cómoda y conocida, respecto a la cual nadie puede decir que no sea exitosa.

Se capta por esa vía una inmensa cantidad de riquezas de la economía internacional, que bien podrían hacer la felicidad de todos los venezolanos, si se utilizara sabiamente. Tiene esta vía una serie de inconvenientes políticos, sociológicos y culturales, pero ese es otro problema diferente.
Si la respuesta fuera contar con mano de obra barata, creo que se estaría optando por una vía francamente inviable. No hay condiciones políticas y sociales como para imponer un gran bajón en las condiciones salariales y sociales de la mano de obra nacional.
La tercera vía, producir y exportar bienes con alta densidad tecnológica, es una vía más complicada que vender petróleo -pero no necesariamente alternativa a esta, incluso completamente complementaria- y requiere de un esfuerzo especial en áreas tales como la educación universitaria, la actividad científico técnica y la innovación a nivel empresarial. Los gobiernos, no solo este, no han prestado mucha atención a estas grandes opciones de futuro.

Se trata de las discusiones que están pendientes para el conjunto de la sociedad venezolana.
Ya comercializar con Venezuela, resulta difícil, el destino de muchos productos, algunos provenientes de Estados Unidos de América se pierde en la ruta, porque, el delito está vinculado en muchos factores por el Estado y, no hay opciones para el futuro, más, cuando hay un criterio para la intervención militar. Tenemos una balanza comercial desfavorable con China. Le vendemos más de lo que le compramos.

Todo eso luce como una situación favorable para Venezuela. Cualquier país quisiera venderle mucho a China y comprarle poco. Sin embargo, un análisis más minucioso de las cifras muestra una realidad que no es tan simpática como parece.


Tener a China como cliente de Venezuela en materia petrolera es una buena cosa. Mucho mejor sería tener las ventas de petróleo desagregadas en una gran cantidad de compradores internacionales, pero tampoco se puede ser tan exigente. Pasamos hambre y China nos manda subproductos.

Si China necesita petróleo y quiere comprarlo a Venezuela, hay que vendérselo. El problema está en que ese petróleo, al parecer, según la escasa información que se posee sobre el funcionamiento del Fondo Chino, ya está pagado.

El petróleo que se le entrega actualmente a China se destina, al parecer, a pagar los créditos que ese país ha concedido en años anteriores, y que nadie en Venezuela sabe exactamente en que se gastaron. Es decir, se pagan deudas anteriores con petróleo presente, sin que eso deje dólares nuevos o frescos a las arcas de Pdvsa y/o del país.

No se trata, por lo tanto, de un proceso libre de compra y venta en el mercado internacional, sino de entrega obligada de mercancías para pagar deudas pendientes.

 

 

El resto de las exportaciones venezolanas a China, es decir, las no petroleras, son muy pocas, solo 4% o 5 % del total exportado. Es decir, las excelentes relaciones comerciales y diplomáticas entre los dos países no han servido en absoluto como para que Venezuela coloque en ese mercado un volumen significativo de mercancías no tradicionales. Ni se ha negociado nada al respecto, ni se ha intentado promover exportaciones en ese inmenso país, ni se ha usado el petróleo como punta de lanza para generar vínculos comerciales que incrementen las ventas en ese mercado.
Estamos quebrado.

 

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