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Adrián, una voz olvidada por el espíritu mentiroso.

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Por primera vez, la observé en internet. Sus manos poseían unas largas uñas de color rosada y roja y, con ellas se tocaba sus labios, aquella mañana, descifre el misterio, su imagen se proyectaba en el espejo y lo comprimía entre sí, dudando del próximo amanecer.
Siempre se cepillaba su larga cabellera en su espejo. Que era larga, sedosa y brillosa, allí, descubre el resto de sus encantos y su nave, siempre es pintoresca porque se mueve muy rápido en los túneles y, aunque mantiene una marcha lenta, su sonrisa reflejaba la velocidad de cada viaje transoceánico.
Yo tenía que descubrirlo.
Aquella tarde, coloque mi nave, tras la suya. Se que deseaba comer papitas y, movía su melena para despertar interés entre la tripulación de ambas naves. En aquel entonces, interpreté como buena señal, su intención de dialogar conmigo.
Prefiero ser vulnerable ante Dios y depender de su ayuda, que pretender ser autosuficiente y a la postre darme cuenta a la fuerza que mis recursos no eran suficientes. Y clamar a él, teniendo certeza de que me responderá, que ser vulnerable forzosamente ante las circunstancias que atraviesa el país, y perder toda esperanza de consuelo y socorro.
Si todavía pretendes que todo lo puedes solucionar con tus propios recursos, debes saber que no son infinitos La Biblia dice en Mateo 5:3 que “Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece”.
Los pobres de espíritu no son personas que sufren de baja autoestima. al contrario, son aquellos que han sido libres de la arrogancia espiritual, de creerse mejor que nadie. Pero son también aquellos que se reconocen dependientes de Dios.
Por eso, me agrada como la versión de la Biblia en inglés, The Message, presenta el mismo verso de Mateo 5:3, que traduzco a continuación, literalmente, para mejor comprensión de los que están leyendo este blog: “Eres bendecido cuando llegas al final de tu cuerda. Con menos de ti, hay más de Dios y de su orden”.
Para aplicarnos esto, se necesita humildad y renunciar a la arrogancia que muchas veces ha dominado en nosotros, queriendo hacer nuestra voluntad por encima de la de Dios.
Por, eso, como establecí al principio, prefiero ser vulnerable delante de Dios, clamar y esperar en él y en sus promesas, que ver como con mi propia sabiduría, fuerza, recursos y dinero, no puedo hacer mucho o nada.
Los otros días, mientras me guarecía de un fuerte aguacero en una ala montañosa a las afueras de una ciudad, pude ver que los recursos que tenía, no tenía valor
El punto, con este ejemplo, es que, aun nuestros recursos pueden ser inservibles, o vernos en la situación de no poder utilizarlos a pesar de su probada eficacia en el pasado. A ese extremo está llegando la crisis que vivimos, y más que nunca antes, debemos aprender a depender de Dios, más que de nuestras propias fuerzas y recursos.
No se trata de quedarse de brazos cruzados. Sino de hacer lo que está a nuestro alcance, pero sin desesperar, confiando no en lo que hacemos sino en lo que Dios hará conforme a su voluntad.
Lo que estoy presentando aquí no es un vano positivismo que para nada nos sirve. De eso hablaré en otra ocasión, porque el positivismo nada tiene que ver con fe ni con descansar y depender de Dios. El positivismo lo que hace es negar la realidad. La verdadera fe no niega la realidad. Sino que lleva a confiar que Dios ayudará a superarla o sobrellevarla.
Claro, no todos pueden comprender ni quieren aceptar esto como bueno. Prefieren seguir tirando palos a ciegas. La pregunta es, ¿qué sigue cuando todo lo que hiciste no sirvió de nada, o cuando tus recursos se agoten?
¿O qué haces cuando, por el contrario, tengas plenitud de recursos y amargamente te des cuenta de que no puedes hacer nada con ellos, ya sea porque hay escasez de bienes o porque no llegan a nuestra patria
No quiero sonar fatalista. Pero acaso, ¿no es algo de eso lo que estamos experimentando desde el 15 de septiembre?
En esas circunstancias, y debería serlo siempre aun en nuestros mejores momentos, nuestra confianza debe estar cimentada en nuestro creador.

 

 

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